14 de Octubre: Una lectura derrotada
NO VALE LA PENA REBELARSE
Respetando el semáforo se me ocurrió
no respetar nada en absoluto.
Abriría los barrotes
de esta cárcel en la que vivimos
y gritaría a todo pulmón
la palabra libertad.
Abandonaría los ropajes,
los saludos convencionales
y la vida en comunidad.
Saludaría a la naturaleza
con los puños desnudos,
pero bien cerrados,
feroces.
Mis garras serían mi sustento
y ay del pobre animalillo
que se cruzase en mi camino.
Devoraría sin servilleta
ni cubiertos de postre
cualquier resquicio de civilización.
Y salvaje y feroz y lobo
comenzaría la vida.
Lástima que cruzar en rojo
me trajera tan pronto
esa incómoda forma
de terminarla:
Desnudo y destripado,
bajo un camión,
en medio de un paso de cebra.
De espaldas
Mi gerente
se cubre las espaldas
con un correo del cliente
frente a relaciones laborales
por si se les ocurre
aplicar la reglamentación.
Y yo, mientras espero
la aceptación de mis vacaciones
pienso en sus espaldas,
en las mías,
y en las ganas que tengo
de apuñalárselas.
